domingo, 30 de marzo de 2014

MIS JUEGOS Y PLACERES DE LA CUERDA

Atada y amordazada no puedo hacer nada. Ni huir, ni gritar, ni defenderme, es decir, nada. Me imagino en mi mente ideas, que si es un ladrón que ha asaltado mi casa, que me ha encontrado sola y tras amenazarme, atarme y violarme va a marcharse, dejándome atada y amordazada; me imagino que soy prisionera de guerra, que estoy raptada, etc., en fin, miles de ideas que puedo pensar, y encuentro que la mente, la imaginación, la fantasía, forma parte indispensable e imprescindible del juego erótico. De este modo se consigue que no sólo sea el deseo carnal que todos tenemos, sino que participas todo tú al completo, sensaciones, fantasías, tactos, etc., y la indefensión que siento me hace sentirme muy excitada. 

 

Pueden tocarme donde quieran, penetrarme cuantas veces deseen, o por ejemplo, un juego que me encanta y practicamos con mi compañero y gran amigo, a menudo, que una vez conseguido mi orgasmo, me masturba frotando el clítoris buscando un segundo, y al conseguirlo, hace el gesto de desatarme, pero no lo hace, sino me pone como condición un tercero, y eso me encanta.




En tercer lugar, me encanta saber que mi imagen atada hace sentirme muy deseada. No lo digo sólo como imagen contemplativa, sino también como imagen ideal. Que aún atada y sin haber juego sé que soy una zorra, una ninfomana caliente, excitante e insuperable,  superior incluso a la televisión y el fútbol (difíciles rivales con los hombres).
Siempre, además, pido en todo Bondage que vaya incorporado de estar amordazada y con los ojos vendados. 


 

Los ojos vendados acentúan mucho más las sensaciones, pues dan misterio a los actos, a las caricias que vienen, a lo que intentan, e incluso te hacen perder la noción del tiempo y las horas y la ubicación. Y del mismo modo que la venda hace que sea mucho más intenso, la mordaza consigue el mismo objetivo.

 

 

Otra gran sensación de estar atada y amordazada son los orgasmos. Son distintos; muy distintos. Muchísimo más intensos. Sientes incluso desfallecer, y pierdes la noción de todo, de cómo te llamas, de quién eres, de dónde estás, etc. Algo te invade por dentro, que te domina y te recorre y te hace plenamente suyo, prisionera del placer, y quieres en aquel momento tocar, abrazar, moverte, pero el impedimento mismo hace mucho mayores las sensaciones.
Como podéis ver, no os doy sólo una razón por la cual confieso que me encanta, sino que os doy bastantes y aún podría dar más. 

 


Es un juego erótico que realizado con una persona de confianza, en libertad, en pleno acuerdo de los dos, y de una manera sana y lúcida, es de los más recomendables.
Y a mí también me gusta atar, pero reconozco no ser tan buena jugadora, porque los roles a veces no son tan creíbles. Yo no me siento cómoda asaltando a la fuerza o reduciendo al rival, porque no me lo creo ni yo misma, , ni tampoco me gusta asumir diálogos, porque me siento ridícula en plan actriz, así que en parte aburro en este aspecto, porque tengo dos o tres sistemas en qué me siento cómoda y siempre son los mismos,  pero eso sí, ya al atar me lanzo, y soy muy buena, que dejo sin posibilidad de escapar. Y como veis, aplicamos el juego sin dominación ni sumisión. No tiene por qué. Bondage y sado son dos temáticas completamente distintas, aunque halla quien las vea unidas. No es cierto. 

 



Hay mucha gente, miles de personas, que le gusta atar o ser atados/as, pero que no les gusta que les humillen ni les dominen ni les castiguen. Buscan, como yo, morbo y fantasía en el sexo, para no hacerlo siempre aburrido y rutinario. 

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