lunes, 3 de marzo de 2014

EROS Y THANATOS

Freud teorizó que la dualidad de la naturaleza humana surgió de dos instintos: Eros y Thanatos. Vio en Eros el instinto de la vida, el amor y la sexualidad en su más amplio sentido y en Thanatos, el instinto de la muerte, la agresión. Eros es la impulsión hacia la atracción y reproducción; Thanatos hacia la repulsión y la muerte. Uno lleva a la reproducción de la especie, el otro hacia su propia destrucción. Fuente de inspiración para pintores y artistas, hombres y mujeres, a través de los siglos, este maniqueísmo continúa ofreciendo una fuerte fascinación a la gente, cada uno a su manera, trayendo su propia experiencia, interpreta el ineludible significado de la condición humana.
No se puede abordar el tema del eros sin mencionar «El Banquete» de Platón. De este texto memorable, el autor destaca dos de los discursos, el de Aristófanes y el de Sócrates. Del primero se desprenden al menos tres enseñanzas: 1. Que la fuerza del eros derivaría de la añoranza que siente el amante por la amada, o viceversa, puesto que en un pasado remoto sus cuerpos habrían estado unidos, para ser violentamente separados por Zeus. 2. El amor consistiría en una búsqueda y eventual reconocimiento de esa «otra mitad». 3. Este reconocimiento ocurriría a través de un symbolon, una suerte de contraseña que nos dimos los humanos unos a otros antes de ser separados.  

 
Tanatos impide a Eros socorrer a Ninfea. El enfrentamiento de ambos dioses es tomado por Freud para significar las pulsiones de muerte y las de vida.
 
Tánatos o la muerte: La raíz etimológica de thanatos es tha y la única otra palabra griega con la misma raíz es thalamon, el tálamo nupcial. El thalamon es el lugar de la casa donde habita la esposa y es la habitación más central, pero también la más oscura. Thanatos o la muerte aparece vinculada entonces, por un lado, a la oscuridad y al encierro y, por otro, a la mujer y al amor.
tánatos no significa destrucción ni tampoco es la fuente de todas nuestras desgracias, sino que es parte esencial de la vida misma. Como nos enseña la etimología, thanatos tiene el mismo origen que thalamon, el lugar de la casa donde habita la madre y esposa: quizás el más oscuro, pero también el más central. La vida humana es el camino desde y hacia ese centro. 
En toda vida personal (y también en la vida colectiva), puede observarse la presencia de estos instintos. Todos aquellos sentimientos 'bajos', como los malos deseos, envidia, crueldad, odio, descalificación, morbosidad, etc., nos muestran que en la persona está actuando Thanatos. Por el contrario, en aquellas actividades humanas elevadas, como el verdadero amor, la caridad, la tolerancia, la solidaridad, el querer crecer y desarrollarse, desear hijos, educarlos, etc., está presente Eros. Eros construye y une; Thanatos destruye y desune.



En la vida personal hay ciclos y etapas. En algunos ciclos es Eros -el instinto del amor- quien se hace más fuerte; pero también hay etapas en que el instinto de muerte se fortalece, como en una depresión, un odio intenso, o en los deseos de suicidio. También en la sociedad observamos estos ciclos. Una guerra, un genocidio, una persecución étnica o religiosa, son todas ellas una clara manifestación de la presencia de Thanatos. Lo importante con estos instintos es descubrirlos en la propia vida, ver en qué momento actúan, y favorecer siempre a Eros antes que a Thanatos.  

En efecto, Eros representa los instintos más primitivos por satisfacer los deseos libidinosos, los de hambre y los de sed, es decir, las pulsiones de vida; mientras que Tanatos engloba los deseos por satisfacer los impulsos de destrucción y agresividad, ergo, las pulsiones de muerte. Ambos, Eros y Tanatos, están enmarcados en el Ello, una de las instancias de la denominada segunda tópica freudiana de la composición de la psiquis humana, que la complementan las instancias del Yo y el Superyó.
La naturaleza de Eros y su misión en la vida hacía que los hombres se incendiaran en el ardor del amor y quisieran mitigar sus deseos libidinosos con el acto sexual. Asimismo, la saciedad de estos impulsos derivaban en la fecundidad y en el nacimiento de una nueva vida, con lo cual, Freud tomó nota y ponderó a Eros como portador de las pulsiones de vida. Por su parte, Tanatos era el dios de la muerte, detrás del Todopoderoso Hades, y por tanto representa a las pulsiones de muerte.

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