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martes, 2 de diciembre de 2014

DISCIPLINA INGLESA

El término disciplina inglesa describe prácticas sexuales relacionadas con la flagelación, como actividad de contenido erótico.
La Disciplina Inglesa suele entenderse como una de las partes de un concepto más amplio que engloba comportamientos sexuales no-convencionales, el BDSM. Algunos autores la incluyen en el sadomasoquismo, aunque también es posible entenderla como parte de los Juegos de Rol-DS, gracias a que a veces incorpora formas de relación sexual en la que una de las partes toma el papel de maestro o maestra "inflexible", mientras que la otra parte asume el papel de alumna o alumno.
Históricamente, se suele vincular su aparición al efecto que los castigos disciplinarios de las escuelas inglesas en épocas victorianas tuvieron sobre alumnos y alumnas cuando estos se transformaron posteriormente en personas adultas. En ese aspecto, el libro El Erotómano (La vida secreta de Henry S.), de Ian Gibson, constituye un excelente y serio libro de referencia.




El instrumento de flagelación erótca: el flogger

Los castigos se aplican, en la forma tradicional, sobre las nalgas, usando para ello o bien los instrumentos clásicos (regla de madera, vara, caña de bambú, cinto, palma de la mano, etc. ) o bien los desarrollados en la última centuria a esos efectos, derivados de predecesores con otras funciones, como el gato de colas (flogger). No obstante, es posible emplear cualquier tipo de instrumento para infligir el castigo, como una cuchara de madera, una aguja de hacer punto, un cepillo para el pelo, etcétera. Y el castigo también puede llegar a incluir, según lo pactado por ambos miembros de la relación consentida spanko, palmetazos en las manos o algún azote en la parte superior de los muslos, generalmente cuando se trata de un correctivo por una falta real algo seria.
 

Los protagonistas son el azotador (Spanker) y el azotado (spankee)

DISCIPLINA INGLESA: SOBRE RODILLAS, MESAS Y CAMAS

Continuamos en este post tratando brevemente las diferentes posturas a adoptar en la disciplina inglesa, sobre la silla, la mesa y como no, la cama.
 
SOBRE UNA SILLA
Existen diversas variantes de posturas de castigo que emplean una o varias sillas:
  • El spankee se inclina sobre la silla, apoyando las palmas de las manos en el asiento de la misma, lo que permite al spanker tener perfecto acceso tanto a sus nalgas como a sus muslos para infligir el castigo. Esta posición puede tener otra variante en la que el spankee apoya el estómago en el respaldo de la silla y las manos en el asiento, aferrando el borde del mismo; en esta variante, el spankee queda con la cabeza levantada, siendo frecuente que deba mirar a la pared que tiene delante, no siendo extraño que el spanker haya prohibido al spankee bajar la cabeza durante el castigo. Además, el spankee puede anticipar, por las sombras, el azote que recibirá. En ambas variantes de la misma posición, el spankee suele mantener las piernas algo separadas.
  • El spankee se coloca de rodillas con las rodillas juntas en el borde de la silla, con los brazos sobre el respaldo de la misma. En esta variante, el spanker sólo tiene acceso a las nalgas del spankee, quedando los muslos de éste bastante protegidos, pero se añade al castigo la incomodidad de tener que permanecer de rodillas casi en equilibrio sobre el borde del asiento, lo que impide que el spankee se mueva demasiado.
  • El spankee se coloca de rodillas en el asiento de una silla, con el estómago apoyado en los respaldos de las dos sillas y las manos apoyadas en el asiento de la segunda silla, a cuatro patas. Esta posición deja al alcance del spanker las nalgas y los muslos del spankee por completo, que además no puede apenas moverse, uniendo al castigo la incomodidad de estar arrodillado y con las palmas de las manos apoyadas completamente, manteniendo todo el peso de su parte superior. En ella el spankee puede mantener la cabeza en alto o bien completamente agachada, de la misma manera que puede tener las piernas entreabiertas o completamente cerradas, en función de lo que haya determinado el spanker.
En cualquiera de estas posturas se pueden utilizar todos los implementos, ya sean largos o cortos, más o menos flexibles, etc.
SOBRE UNA MESA
Nuevamente existen diferentes variaciones de esta postura, siempre colocándose a lo ancho de la mesa, no a lo largo:
  • El spankee apoya las palmas de las manos y los antebrazos en la mesa, mirando al frente o con la nariz pegada a la superficie de la mesa, con las piernas entreabiertas generalmente, dejando completamente expuestas las nalgas y los muslos. En este caso es perfectamente posible usar todos los implementos.
  • El spankee se tiende completamente en la mesa, aferrando con las manos el extremo opuesto de la mesa, con las piernas cruzadas en el aire, lo que hace que tense las nalgas, endureciendo así el castigo. De esta manera, el spankee apenas puede moverse, ya que se encuentra casi en el aire, debiendo mantener el equilibrio. No deben usarse implementos demasiado rígidos ni con demasiada fuerza, pues se corre el riesgo de generar lesiones por aplastamiento.
 
 
EN LA CAMA
En este caso, el spankee se coloca tumbado en la cama o el sofá con uno o varios almohadones bajo el estómago, lo que eleva su pelvis. Los implementos adecuados en esta postura son aquellos que no sean demasiado rígidos, ya que se corre el riesgo de causar importante lesiones en los huesos por aplastamiento; los que se suelen usar son aquellos de cuero, zapatillas, instrumentos cortos y bastones, además de la propia mano del spanker, claro.
APOYADO SOBRE LA PARED
En esta posición, al castigo se le une la incomodidad de mantener la postura que hace sufrir bastante la espalda, ya que se trata de que el spankee quede completamente en ángulo recto con la pared, manteniendo la espalda perfectamente recta, y también los brazos y las manos, pues quedan en posición poco natural. Esto impide que realice cualquier tipo de movimiento.
En este caso, no existe complemento que no se pueda usar.

DISCIPLINA INGLESA (I)

DISCIPLINA INGLESA: POSTURA SOBRE LAS RODILLAS

De lo que hemos visto y leido en el post anterior podemos sacar algunas conclusiones, ssobre las posturas a utilizar en este juego de dominación:  a más popular de las posturas es sobre las rodillas, a las que siguen los azotes sobre sillas, mesas y como no, sobre la cama. Veamósla.


SOBRE LAS RODILLAS
En esta postura el azotador (o spanker) está sentado y el azotado (o spankee) tumbado boca abajo sobre sus rodillas. Es la postura más clásica y en ella existe un contacto corporal directo y permanente entre los dos participantes. También permite inmovilizar de forma más eficaz al azotado simplemente con sujetar a su espalda uno de sus brazos, los cuales tiene que usar para mantener el equilibrio. Aunque en esta postura el spanker tiene perfectamente a su alcance las posaderas y piernas del azotado, lo que permite el control completo en cuanto a ritmo, intensidad y demás variables que pueden introducirse en el castigo en sí, el spankee está demasiado cerca como para permitir el uso de todos los implementos. De esta manera, sí se podría utilizar implementos cortos, como la zapatilla, una paleta, un cinto doblado en cuatro o sólo en dos y enrollado en la mano del spanker, una cuchara de madera, una regla corta o incluso una vara de reducidas dimensiones, pero sería muy difícil manejar un bastón o un látigo en esta postura.

Para esta postura existes diversas variantes:
  • El spanker está sentado en una silla con un pie apoyado en algo que permita elevar la posición de una rodilla con respecto de la otra. El spankee se coloca en las rodillas tumbado como ya se ha dicho, pero sus nalgas quedan más altas, endureciendo así el castigo sin necesidad de emplear una intensidad extraordinaria.
  • El spanker está de pie, con un pie apoyado en una superficie dura, de modo que el spankee queda colocado mirando al suelo prácticamente en equilibrio sobre una sola rodilla de su azotador.
Otra posibilidad es que el spanker esté sentado en algo blando, como una cama, con las piernas completamente estiradas, y el spankee se tumbe sobre sus rodillas quedando casi completamente tumbado a su vez; en esta variación no ha de mantener el equilibrio porque la superficie de la cama ya le sujeta. Es una posición generalmente usada en spanking erótico, con tintes sensuales.

viernes, 21 de marzo de 2014

AZOTITOS EN EL CULO: EL ARTE DEL SPANKING

El spanking no es una perversión sexual, sino la forma más refinada de expresar esa devoción por el culo que ha caracterizado a la civilización occidental. Sería absurdo negar el papel que ha desempeñado el culo en nuestra historia, inspirado a policías y maestros. Los maestros no habrían conseguido enseñar nada a sus pupilos sin una buena regla para azotar las nalgas de los más perezosos. Es cierto que algunos abusaron de este recurso, pero la gramática y el álgebra, el latín y la filosofía, la historia y la prehistoria, no habrían penetrado en las mentes infantiles sin unos inocentes azotes en las posaderas. Es mejor dormir boca abajo o no poder sentarse que ser incapaz de resolver una raíz cuadrada o identificar un objeto directo.


El spanking es una poderosa herramienta pedagógica que adquiere otra dimensión en la vida adulta. Algunos países azotan a los que infringen las leyes. No es un acto de barbarie, sino una forma de preservar el espíritu de la escuela. Los adultos a veces son como niños y conviene aplicarles severos castigos. El culo se inventó para ser flagelado. De no ser así, no se curvaría de un modo tan prominente, introduciendo una llamativa discontinuidad entre la espalda y las piernas. La naturaleza es sabia y nunca actúa por capricho. Nunca están de más unos azotes que nos hagan recordar nuestra insignificancia.
 Si te arde el trasero, pensarás dos veces las cosas y no abrirás la boca para protestar.


El spanking no es una parafilia, sino una delicada manera de manifestar tu amor hacia tu compañero de lecho. Unos azotitos son tan delicados como los pétalos de una rosa. Hacen daño, pero las rosas también esconden espinas. Las espinas son penes diminutos que se hunden en tu carne para escenificar la pérdida de una ilusoria virginidad. Cada vez que desgarran tu piel, aparecen unas gotitas de sangre que simulan una inocente desfloración. Si amamos las rosas, ¿por qué hemos de vituperar unas disciplinas o un látigo de piel de rinoceronte?
 Los látigos de siete colas son un clásico de la literatura infantil y juvenil. Muchos matrimonios han recuperado el ardor de sus primeros polvos con el arma preferida de Indiana Jones.


El spanking es un juego nostálgico. El Zorro se cubría el rostro con una máscara y hacía chasquear su látigo para advertir que no descansaría hasta reparar cada injusticia. ¡Qué triste fantasía! Las injusticias suelen cortejar a la impunidad y a veces fornican con ella cerca de un parque infantil. Los niños no notan nada, pues la injusticia y la impunidad son abstracciones incorpóreas, pero sí notan el hedor a podredumbre que desprende el mundo de los adultos. Los niños pierden el olfato con la edad. Se acostumbran a vivir entre engaños, intimidaciones y mentiras y ya no experimentan asco cuando se pasea delante de sus narices una sotana, una maestra o un agente de la Guardia Civil. Los niños comprenden en seguida que El Zorro no existe y que Indiana Jones ya es demasiado mayor para rescatar princesas o salvar a las ballenas.

  
El spanking es un acto de rebelión cuando acontece entre cuerdas, máscaras y mordazas. El spanking es un escalofrío que te hace desear ser niño otra vez. No añoras los azotes de la escuela ni de unos padres demasiado estrictos, sino la pasión por jugar en un cuarto a oscuras, donde no hay otra regla que morirse de risa entre gritos y carreras, sin pensar en lo que está mal y lo que está bien.


El spanking es un juego apto para ambos sexos, pero resulta más hermoso entre mujeres. Las mujeres se ríen de los tabúes. Las mujeres se ponen zapatos rojos de tacón a juego con sus pezones. Las mujeres enfundan sus brazos en guantes infinitos que se abren paso por la flora intestinal. Las mujeres se cosen a la piel largos vestidos de noche que dejan sus nalgas al descubierto, ofreciendo su ano a los poetas desconsolados.


Las mujeres no son princesas, sino amas despiadadas que nos hacen gozan y temblar, morir y renacer, pero el amor de verdad, ese amor que mezcla el juego, la risa y la despreocupación, sin hablar de entrega ni lealtad, lo reservan para otras mujeres, que no esperan nada, salvo un gemido, un caricia o el roce de un látigo con puntas de acero.


El amor es un juego muy serio. Por eso, sólo lo entienden las mujeres. Los hombres se limitan a hacer el ridículo, recibiendo unos azotitos en el culo, felices de reencontrarse con una infancia que ya creían perdida.



Si algún joven lee esto por casualidad, por favor que no lo enseñe a sus maestros. Los maestros no saben ni comprenden nada. No tienen espíritu ni imaginación. Son necios y petulantes. Son asnos que ramonean por un prado, pensando que la filosofía es un manual de instrucciones para vivir. 
La filosofía no sirve para vivir. La filosofía enseña a morir, pero no a morir de cualquier manera. El verdadero filósofo es un guerrillero emboscado, un matarife que utiliza aforismos para rebanar cuellos de novicias y banqueros.


De la filosofía sólo se salva una frase, que brotó del genio de Cioran, un rumano que nunca transigió con elogios ni laureles: “Estamos en el mundo para no hacer nada. Ni siquiera merece la pena quitarse la vida, pues uno se mata siempre demasiado tarde”. Si alguien te suelta una monserga sobre el trabajo, la responsabilidad y la necesidad de convivir en paz, respóndele que la verdad es una puta taimada y mendaz. Si pone cara de perplejidad, escúpele a la cara otra frase de Cioran: “A veces uno quisiera ser caníbal, no tanto por el placer de devorar a fulano o mengano como por el de vomitarlo”.


El spanking no es malo. La maldad consiste en buscar acólitos para levantar patíbulos y ahorcar a los poetas que se ríen del puritanismo. Sólo hay un grado más elevado de infamia. Mirar hacia otro lado, olvidando a los que una vez se conmovieron con tus lágrimas. Ni siquiera merecen tu desprecio. Sólo merecen unos azotitos en el culo. No te preocupes. La vida ya se los propinará y tal vez les gustará.

Fuente:   http://rafaelnarbona.es/?p=625#more-625

miércoles, 19 de febrero de 2014

DALE UN TOQUE SADO A TU VIDA SEXUAL

Sobre el BDSM se han dicho muchas tonterías y es necesario aclarar dos inaceptables: No es una enfermdad y el gusto por atar, azotar y castigar no tiene nada que ver con traumas de la  infancia. Quienes practicamos BDSM* no  sufrimos de alguna patología o arrastramos un pasado de abusos. Es más, entre sus seguidores hay tantos pervertidos como entre quienes practican sexo convencional. No por ser vainilla* se es un santo.
Gozar imaginándose siendo atada/o, humillada/o, latigando y/o similares no tiene nada de aberrante. Nuestra imaginación es libre… y por cruel o extrañas que sean nuestras fantasías son solo eso. 

Si deseas iniciarte en algún juego alternativo o, simplemente, romper la rutina, aquí van tres ideas muy básicas -no deberían asustar a nadie- y una recomendación para empezar:

1. Privación sensorial. No ver y/o no oír aumenta las sensaciones corporales. Haz la prueba: cierra los ojos y acaríciate, después haz lo mismo, mirando. Nada que ver. Por lo tanto, para empezar, ¿por qué no probar con una venda en los ojos? Un juego: el amo acaricia al sumiso –puede además contarle una fantasía- y le hace sufrir tanto como desee, porque decide cuando le permitirá llegar. Extra: auriculares y música sensual… o silencio.

  
 
2. Inmovilización. Quien ata (de entrada, valdrán unos fulars o medias, ya complicaréis las cosas más adelante) debe comprobar que no aprieten en exceso (¡pregunta!). No hace falta causar dolor (salvo que eso quiera el sumiso) y no deben cortar la circulación sanguínea (prohibido el cuello). De hecho, para novatos, bastara que generen la sensación de no poder desasirse. Indispensable, siempre tener unas tijeras (sin puntas peligrosas, mejor las de tipo escolar) a mano por si el atado se agobia (o le da un ataque de pánico), algo le hace daño, pierde la conciencia (¿por qué crees que he escrito lo de no apretar en exceso?)…

 
 

3. Azotes. Si queréis probar, empezar con la mano y centraros en las nalgas. Solo nalgas… Para dar hay que saber dónde: por ejemplo, en la parte baja de la espalda es muy peligroso, o sea que ¡nada de experimentar a lo loco! Tiempo tendréis para perfeccionar vuestras aptitudes. Más cosas: ¡calentar! ¿Qué quiere decir esto? Acariciar la zona un buen rato (hay quien se recrea en ello una hora antes de dar una nalgada) para relajar a la pareja y, sólo entonces, castigar ¡y hacerlo flojito! El objetivo es que quien recibe se relaje, que la sangre vaya concentrándose en la zona (las caricias previas pueden volverla rosácea) y, con ello, aumente su excitación. En definitiva, la idea es ir de menos a más. El placer no necesariamente está en la fuerza, sino en ese juego, que se puede acompañar, por ejemplo, de caricias genitales.
 

lunes, 17 de febrero de 2014

PLACER Y DOLOR

Mi naturaleza es dual; es una naturaleza dominada por el placer y el hedonismo, pero que no puedo dejar de considerar si no va unida con el dolor. Una vez más, Eros y Thanatos se dan la mano.
Freud teorizó que la dualidad de la naturaleza humana surgió de dos instintos: Eros y Thanatos. Vio en Eros el instinto de la vida, el amor y la sexualidad en su más amplio sentido y en Thanatos, el instinto de la muerte, la agresión. Eros es la impulsión hacia la atracción y reproducción; Thanatos hacia la repulsión y la muerte. Uno lleva a la reproducción de la especie, el otro hacia su propia destrucción. Fuente de inspiración para pintores y artistas a través de los siglos, este maniqueísmo continúa ofreciendo una fuerte fascinación a los artistas contemporáneos que forman parte de esta exposición, en la cual, cada uno a su manera, trayendo su propia experiencia, interpreta el ineludible significado de la condición humana.