domingo, 4 de mayo de 2014

FELACION Y SUMISION

“Nunca había sentido tanta ansiedad por probar el sabor de alguien. Las veces anteriores me había detenido, por asco, por pensar que era algo que no necesitaba hacer. Con él fue distinto. Empecé besando su cuello y me deslicé por su pecho, estrechando mi piel contra la suya. Mi cuerpo se deslizo hacia abajo. Lo rocé con las piernas, con el vientre, con los senos. Mi mano seguía el camino que trazaba mi boca y llegamos a un tiempo. Abordé su contorno despacio, dejado que mis dedos rozaran con calma su dureza. Me detuve un momento para contemplar sus ojos cerrados y aspiré su olor. Sonreí por la travesura que estaba por iniciar. Empecé con mi lengua, desde su base hasta el glande, vertical.  Una gota previa asomó y decidí probarla. Salado, el amor sabe salado. Me asombré a mi misma saboreando, hurgando. Cerré mis labios dejándolo dentro, moví la boca hasta encerrarlo completo, luego lo liberé. Volví a explorar, rozando mis dientes con una caricia apenas perceptible, lamí,  succioné. Y el tiempo se hizo denso. Cada segundo se podía tocar con los dedos mientras aprendíamos el sabor del otro”


Imagen en el Templo hindú: Khajuraho.


El sexo ha sido malentendido como arma de dominación o de sumisión. Conquistar el placer y proporcionarlo se entienden como objetivos necesarios de camino trazado con anticipación, dejando poco espacio a la espontaneidad y al descubrimiento propio.  Los límites mentales que nos establecemos, los aprendizajes previos que nos fijan lo bueno y lo malo no permiten explorar, conocer, compartir y experimentar jugando todas las variantes sensuales y placenteras, como la felación.
En algunas culturas se consideraba degradante la práctica de felación y cunnilingus o cualquier otra actividad sexual que no implicara reproducción. De estos temas no se habla abiertamente pues se supone que son pláticas reservadas a la alcoba y la actitud recatada hacia la sexualidad predomina y los vuelve tabú, dejando el tema con la etiqueta de “prohibido” que lo encierra en mitos y prejuicios.
La felación no es más que una actividad sexual en la que se proporciona placer directamente a los genitales masculinos usando la boca. La variante femenina se denomina cunnilingus. Nada del otro mundo cuando se entiende que el sexo es una experiencia que se disfruta con todos los sentidos, pero que llega a ser realmente gratificante cuando funciona de forma abierta el órgano más importante de todos: el cerebro.

Las mujeres hemos aprendido a someternos o a evitar el sometimiento, los hombres a dominar. Para que el sexo sea gratificante se debe entender que el compartir la experiencia, sabores, sensaciones es una cuestión que necesita dos seres iguales, dispuestos a dar y disfrutar placer. Y ese es el principal elemento para una buena felación.
No se puede dar placer si se siente asco del otro, ni si la mente está ocupada en el “tener que hacer para dar satisfacción”. Liberar la mente de prejuicios es el primer paso, dejar que los sentidos experimenten y trasladen la información al cerebro. Conocer, explorar y sentir.
Sentidos alerta: Todos los sentidos entran en acción cuando se realiza una felación, no es solamente la boca que se involucra en este acto sexual. La vista proporciona un espectáculo importante para el hombre que observa a su pareja disfrutar mientras saborea su pene o sus testículos. La sensación de satisfacción en el rostro de quién recibe la felación, para quien la otorga.  El olor del otro que se conoce y se disfruta. El sabor de la piel en cada sitio.
Cada sentido puede estimularse de formas propias. Ver, aspirar, lamer, tocar y todas las infinitas combinaciones que pueden lograrse a partir de ahí.



Las posibilidades de la boca
La boca es una herramienta preciosa para dar y recibir placer. La felación no solo la disfruta quien la recibe, sino también quien la otorga. Las terminaciones nerviosas de la boca, de la lengua, de los labios, transmiten, otorgan y reciben. Los labios y la presión que ejercen sobre un miembro, la lengua y la habilidad de desbordarse, el movimiento de la cavidad entera que puede albergar, abandonar, probar, retraerse y abordar. Incluso los dientes, que con suavidad y mucho cuidado pueden profundizar las sensaciones.



Tacto y tiempo
El tacto es un acompañante necesario de la felación. Las manos pueden ocuparse de dar caricias suaves, guiar a la boca y acentuar . El cuerpo entero puede acompañar el movimiento de la boca y acrecentar las vibraciones de quien da y quien recibe.
El tiempo es otro aliado indispensable. Se puede usar a discreción, acrecentando los movimientos de la boca, de los labios y de la lengua, variar las formas, detenerse y volver a acelerar para provocar placer. El cómo y el cuándo se van descubriendo cuando ambos están dispuestos a servir de guías.

 



 

Soixante-neuf
Las posturas sexuales que pueden adoptarse para una felación son variadas, desde la comodidad de una superficie horizontal, la sujeción y elevación del compañero de rodillas o de pie o el famoso soixante-neuf (69) que permite la alineación de los cuerpos boca-genital de una forma bastante estética y sobre todo erótica. Esto depende tanto de la habilidad de los ejecutantes como de la disposición de experimentar y disfrutar.

Dilemas
¿La felación es buena o es mala? ¿Tengo que hacerlo para que él esté satisfecho? ¿A todos los hombres les gustan las felaciones? Las preguntas son innumerables pero pueden responderse a partir de un estado mental propio. Lo que pienso, lo que vivo, lo que siento y lo que me permito vivir. El sexo es una parte de ese vivir y la disposición que tenemos de disfrutarlo permite ampliar las opciones de gozo. Cualquier amante disfruta saberse amado, aceptado y disfrutado por el otro.
El dilema moderno de la felación es quizá la eyaculación. ¿Se debe hacer dentro de la boca, fuera de ella, en el rostro, en el cuerpo o guardarla para luego? La respuesta está en el qué representa para cada uno de los que participan y qué es lo que desean experimentar. Ninguna pareja es igual a otra y las situaciones varían. Dese tiempo, pregúntele a su pareja, experimente, aprenda de nuevo a sentir.